
La mañana del 18 de diciembre de 1951, la colonia Narvarte fue estremecida por un estruendo proveniente del número 425 de la calle Palenque. Los vecinos no tardaron en alertar a las autoridades y, al llegar, los oficiales descubrieron un escenario impactante: tres niños habían disparado un rifle calibre .22, quitándole la vida a una trabajadora doméstica de apenas 12 años.
Los pequeños Carlos Salinas de Gortari (4 años), Raúl (5) y su amigo Gustavo Rodolfo Zapata (8) jugaban a “la guerra” cuando, sin medir consecuencias, accionaron el arma. La víctima, identificada como Manuela, de origen indígena, recibió un disparo que atravesó su pómulo izquierdo y se alojó en su cabeza. Para los niños, aquello no era un acto de violencia, sino parte del “juego”.


