
Venezuela podría perder la mayor parte de sus ingresos por exportaciones este año, según estimaciones internas del gobierno, un golpe que desencadenaría una crisis humanitaria.
Incluso antes de que las fuerzas estadounidenses irrumpieran el sábado en la capital de Venezuela y apresaran al presidente Nicolás Maduro, el país ya se enfrentaba a unas perspectivas económicas nefastas.
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Se esperaba que el bloqueo parcial impuesto por Estados Unidos a las exportaciones energéticas de Venezuela paralizara más del 70 por ciento de la producción petrolera del país este año y acabara con su principal fuente de recaudación pública, según personas informadas sobre las proyecciones internas de Venezuela.
La decisión del gobierno de Donald Trump el mes pasado de comenzar a incautar a los petroleros que transportan crudo venezolano a los mercados asiáticos ya había paralizado las exportaciones de la petrolera estatal. Para mantener los pozos en funcionamiento, la petrolera estatal, conocida como PDVSA, ha redirigido por ahora la producción de crudo a tanques de almacenamiento y ha convertido los petroleros que permanecían inactivos en los puertos en instalaciones de almacenamiento flotantes.
Esta estrategia solo le permitió a la empresa ganar algo de tiempo antes de quedarse sin almacenamiento para el petróleo bombeado que no podía vender. TankerTrackers, una empresa de datos de transporte marítimo, estimó a finales del mes pasado que Venezuela tenía suficiente almacenamiento de reserva hasta finales de enero.
Pero la producción podría desplomarse rápidamente después de eso, dijeron las personas informadas.
Si el bloqueo se mantiene, el gobierno venezolano prevé que la producción nacional de petróleo se desplome de alrededor de 1.2 millones de barriles diarios a finales del año pasado a menos de 300 mil a finales de este año, según fuentes informadas, una caída que reduciría drásticamente la capacidad del gobierno para importar bienes y mantener los servicios básicos. Las personas tuvieron acceso a las proyecciones y las comentaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a hablar públicamente.
La captura de Maduro solo ha añadido más incertidumbre a estas proyecciones.
Se seguirá impidiendo la salida o la entrada de los petroleros incluidos en una lista de sanciones de Estados Unidos hasta que el gobierno venezolano abra su industria petrolera, controlada por el Estado, a la inversión extranjera —presumiblemente dando prioridad a las empresas estadounidenses—, dijo el domingo el secretario de Estado Marco Rubio en el programa Face the Nation de CBS News.
“Eso sigue en vigor, y es una enorme cantidad de influencia que seguirá en vigor hasta que veamos cambios, no solo para promover el interés nacional de Estados Unidos, que es el número 1, sino también que conduzcan a un futuro mejor para el pueblo de Venezuela”, dijo Rubio.
Pero el gobierno interino de Venezuela ya parece estar poniendo a prueba la gravedad de esa amenaza. Al menos 16 petroleros afectados por las sanciones estadounidenses parecen haber intentado eludir el bloqueo y zarpar desde los puertos venezolanos desde el sábado, en parte ocultando su verdadera ubicación o apagando sus señales de transmisión.
Si consiguen romper el bloqueo y exportar el crudo, la industria petrolera venezolana podría ganar algo de tiempo para adaptarse a la nueva realidad, dijeron personas cercanas al sector.
Pero si el bloqueo impera, el país se enfrentaría a una catástrofe, añadieron.
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En el peor de los escenarios considerados por el gobierno de Venezuela, la producción nacional de petróleo de este año se limitaría solo a los yacimientos operados por la empresa estadounidense Chevron. Tiene un permiso exclusivo del gobierno de Trump para trabajar en Venezuela, y es la única empresa que envía regularmente petróleo desde la nación sudamericana desde el inicio del bloqueo parcial el 11 de diciembre, según muestran los datos de transporte.
Este escenario obligaría a PDVSA, el mayor empleador de Venezuela, a despedir a decenas de miles de trabajadores y recortar las prestaciones de los empleados, según dijeron las fuentes informadas.
PDVSA y el Ministerio de Comunicación de Venezuela, que se encarga de atender las consultas de los medios de comunicación, no respondieron a las solicitudes de comentarios.
En los últimos años, la economía de Venezuela había experimentado una modesta recuperación tras años de hiperinflación y escasez de alimentos que llevaron a millones de venezolanos a huir del país. Pero la campaña de presión económica del presidente Trump acabó con ese progreso y ahora amenaza con convertir una recesión prevista en otro colapso económico.
La nueva dirigente de Venezuela, Delcy Rodríguez, fue inicialmente mordaz en sus críticas al gobierno de Trump, afirmando que su objetivo era “la confiscación de nuestros recursos energéticos, minerales y naturales”.
El domingo por la noche, sin embargo, su tono se suavizó en una declaración conciliadora dirigida a Trump. “Extendemos la invitación al gobierno de los EE.UU. a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y fortalezca una convivencia comunitaria duradera”, escribió en las redes sociales.


