
Mirarse al ombligo fortalece la vanidad, pero aleja de la realidad, que es lo que está pasando en Palacio Nacional, donde el enjambre de colaboradores alrededor de la presidenta Claudia Sheinbaum está llenando su ego con miel y su cabeza con humo. Todavía hace unos días, por las palabras suaves que recibía de Donald Trump, que se magnificaban en los medios nacionales y extranjeros porque a nadie trataba el iracundo presidente con la deferencia como a Sheinbaum, tuvieron la ocurrencia de diseñar una estrategia mediática para fortalecer su imagen y liderazgo en América Latina −que creen es la esfera de influencia de México− y, sin límites existenciales, también en el mundo.


