
ESPAÑA- En una época en la que el 73% de los jóvenes padece fatiga internauta, la realidad virtual y las experiencias inmersivas parecen ser la única herramienta publicitaria capaz de convencer a los nuevos consumidores.
Porque dichos consumidores son diariamente bombardeados por miles de impactos publicitarios, desarrollando una ceguera selectiva hacia los contenidos más repetitivos y los formatos tradicionales. Una paradoja que ha obligado a las marcas a cambiar el paradigma del juego.
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NARRATIVA INMERSIVA ANTE LA SATURACIÓN
Y es que ya no basta con una buena publicación en Instagram o un vídeo corto en Tiktok. Y, en este contexto de saturación generalizada, ha surgido una contrapartida para captar esa preciada atención: el marketing inmersivo. Ya no se trata de contar una historia de marca, sino de invitar a los clientes potenciales a que la vivan en propia piel.
Una estrategia que ha dejado de ser un experimento de nicho para convertirse en el motor financiero de grandes empresas. Y es que, según el estudio Immersive Entertainment Market Size and Share de Mordor Intelligence, las proyecciones actuales indican que el mercado global de entretenimiento inmersivo alcanzará un valor de 144,170 millones de dólares.
Una apuesta que tiene su explicación en las necesidades de la Generación Z. Existe un mito extendido de que estos jóvenes buscan estar permanentemente conectados, pero los datos dicen lo contrario: son víctimas de la “fatiga digital”.
Así lo desvela un informe de la consultora Human8, según la cual el 73% de la Generación Z se declara “digitalmente exhausta”. Y es que, a pesar de ser nativos de las pantallas (o quizás precisamente por eso), muestran una marcada atracción hacia lo tangible y auténtico.



