
El año nos deja una estela de tensiones políticas y sociales que no podemos ignorar. Tuvimos un proceso electoral que lejos de ser un ejercicio pleno de democracia, se vio constantemente amenazado por la intromisión del Ejecutivo Federal desde las mañaneras, la presión ejercida sobre el INE y la asignación discrecional de recursos con fines electorales. Por supuesto también el descrédito de las decisiones de la Suprema Corte y de los organismos autónomos. Además, por colusión u omisión de los gobiernos creció el control del crimen organizado en amplios territorios del país generando tensiones sociales, extorsiones, pérdidas económicas y un gran dolor por los hijos e hijas asesinados o desaparecidos y las miles de familias desplazadas.


