35.6 C
Monclova
sábado, agosto 30, 2025
spot_img
InicioNoticiasCon Dvorák y Bruch, la OFDC retoma su temporada de conciertos

Con Dvorák y Bruch, la OFDC retoma su temporada de conciertos

Dos joyas maestras del repertorio sinfónico del siglo 19 fueron interpretadas por la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila (OFDC) la noche del pasado jueves 28 de agosto en su concierto de gala inaugural de la temporada agosto- diciembre del 2025: la Sinfonía en Sol mayor, no. 8 Op. 88, de Antonín Dvorák, y el Concierto para violín y orquesta en Sol menor, no. 1, Op. 26, de Max Bruch.

La sala del Teatro de la Ciudad lució llena con un público que disfrutó de una velada en el que la belleza de estas dos obras del romanticismo musical se desplegó en poco más de una hora. La OFDC acompañó al violinista virtuoso Miguel Colom, concertino de la Orquesta y Coro Nacionales de España, quien deslumbró con su técnica y musicalidad depuradas.

A diez años de su fundación, el conjunto mostró un nivel de virtuosismo y cohesión admirables bajo la batuta precisa de su director fundador, Natanael Espinoza. Dvorák, en esta sinfonía, se muestra más genuino y dueño de sus parámetros estilísticos. En ella encontramos luminosidad, plasticidad en la melodía que nos recuerda mucho a Schubert, un optimismo alejado de la trágica 7ma sinfonía, una alegría desbordada por los paisajes bucólicos que tanto amaba Antonín.

La OFDC logró transmitir todos estos elementos y emociones profundas que el compositor checo imprimió en sus cuatro movimientos, además de ser consistente en la articulación de fraseo y dinámicas de la partitura sinfónica. En este renglón se aprecia la lectura precisa del maestro Espinoza y el trabajo de batuta que hizo en los días previos al concierto. La sección de los chelos y contrabajos se sublimó en varios de los pasajes en los que tuvieron protagonismo. Tanto en el Adagio (segundo movimiento) como en el Allegretto grazioso (tercer movimiento), el conjunto orquestal logró cautivar al público por la calidez y equilibrio intimista del sonido en sus secciones; Espinoza logró un pulso mecido, sin llegar a la languidez en la que caen muchas batutas en detrimento del texto. En los movimientos extremos de la sinfonía (Allegro con brio y Allegro ma non troppo),la orquesta dibujó impecablemente los pasajes de virtuosismo, sin embargo, pudieron notarse leves imprecisiones en el pulso y un sonido seco en las arcadas de la sección de violines. El balance final de esta versión de la 8va de Dvorák ofrecida por Espinoza y la OFDC es la de un sofisticado trabajo de interpretación luminosa e intimista.

Tras el obligado y breve intermedio, el maestro Colom, violinista invitado, interpretó el Concierto para violín y orquesta no. 1 en Sol menor, Op 26 del alemán Max Bruch. Este concierto posee los genes heredados del primer gran concierto para violín del romanticismo musical, cuya autoría pertenece al genio de Bonn, Ludwig van Beethoven, con su Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 61, compuesto en 1806. Junto a éste son pocos los conciertos emblemáticos e icónicos dedicados a este instrumento: el de Mendelssohn, en Mi menor, Op. 64 (1845), el de Brahms en Re mayor, Op. 77 (1878) y el de Tchaikovski, también en la tonalidad de Re mayor y del mismo año. El de Bruch, compuesto en 1864, está en la élite de conciertos concebidos para el violín.

Moldeado en la tradición de estructura y dinámicas propias del periodo, el concierto de Bruch abunda en todos los elementos de virtuosismo que se demanda del solista, aunque la orquesta funge en los linderos de la discrecionalidad más propia de los conciertos del periodo clásico. Colom logró cautivar los sentidos y el espíritu del público que se embelesó con la musicalidad del madrileño. La calidad de sus pianissimos fue una de las características de su ejecución. La batuta de Espinoza cinceló bellamente las dinámicas de la partitura. El lirismo del Adagio logrado entre el solista y el conjunto orquestal fue de una calidad rayana en lo sublime. Los movimientos extremos del concierto, Allegro moderato y Allegro enérgico, fueron un despliegue de energía sapientemente equilibrada entre el arco de Colom y la batuta de Espinoza. Tras un nutrido aplauso del público, Colom bisó con una obra del genial Paganini, El Carnaval de Venecia.

CODA

Ayer por la tarde falleció Lourdes Ambriz, una de las más finas y geniales sopranos que ha tenido México. Descanse en paz.

NOTICIAS SIMILARES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_img

MAS POPULAR

COMENTARIOS RECIENTES