La cultura de la transa en México

En el reciente Mundial de futbol tuvimos una exhibición rotunda de la cultura de la trampa. Desde su primer partido y hasta el último que jugó, la selección de Argentina dio una muestra nítida de lo que en México conocemos como ser gandalla, tramposo, sucio y desleal, futbolísticamente hablando. Y no fue excepcional, no fue cosa de uno o dos elementos: varios de sus jugadores, empezando por el mismísimo Lionel Messi, actuaron absolutamente alejados del llamado fair play una y otra vez. Algún amigo posteaba por ahí que ellos “sí saben jugar una Copa del Mundo”. No. Confundir la garra, la entrega, la pasión, el meter la pierna fuerte y el dejar la vida en la cancha para defender la camiseta de nuestros amores; mezclar eso con la transa y la mala leche, con la intencionalidad del daño y la artimaña, es inadmisible.

Y si además a todo ello le sumamos la ayuda injusta que le brindó la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) a través de arbitrajes sesgados, que gracias a la tecnología de esta época quedaron grabados y fueron exhibidos en redes sociales de todo el mundo, no tenemos más remedio que remitirnos al origen de esa cultura de la triquiñuela futbolística, retroceder hasta recordar aquel tongo descarado del Mundial de 1978, cuando la detestable dictadura militar argentina consiguió un inaudito 6-0 contra Perú, equipo ya eliminado que se dejó golear (observe los videos en YouTube) para que Argentina avanzara inmerecidamente a la final y con ello eliminara a Brasil por diferencia de goles.

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