
Conocí a Ernesto Ruffo hace ya algunos años, después de que fue gobernador de Baja California y alcalde de su ciudad. Me topé con un hombre sencillo, afable, risueño, sin poses ni desplantes que algunos políticos ostentan. Era todo calidez. Siendo yo presidenta estatal del PAN, lo invité a dar una conferencia en Saltillo, sobre su experiencia como gobernador. Se llenó el salón. Y es que una persona sin ínfulas ni poses, es simple y llanamente atractiva para los demás.
Decía Ernesto que un país gobernado por gente honesta tiene características muy propias, como son la confianza institucional, la transparencia en el liderazgo y una distribución equitativa de los recursos. En países gobernados así, las decisiones que se toman obedecen al bien común, no al provecho personal. Él gobernó así a su entidad federativa.


