
Dos fueron las actividades principales a las que don Pepe consagró su vida: la educación pública y los libros. No sólo fue un gran lector, sino un hacedor de libros, un escritor y poeta. Una y otra fueron las pasiones que normaron su vida y las cultivó con tesón y ahínco.
Sus servicios a la educación pública de Coahuila rindieron fruto extraordinario. En ese ámbito, obtuvo innumerables logros y beneficios, así como los consiguió para las instituciones que tuvo a su cargo, los maestros que trabajaron en ellas y los estudiantes que formó. Don Pepe fue maestro porque su vocación fue la enseñanza y a ella consagró su vida. Asumió por primera vez la cátedra en 1893, en el Ateneo Fuente, cuando tenía su sede en el lado sur de la placita de San Francisco.


