
La segunda quincena de abril vio apagarse las vidas de tres artistas mexicanos que dejaron huella en la memoria colectiva de quienes seguimos su trayectoria desde la música y el cine a la pantalla chica.
La primera de ellas fue la actriz y cantante de origen regiomontano Lucha Moreno quien falleció el pasado 15 de abril a los 86 años luego de algunos años de haberse retirado del ambiente artístico en el que destacó primero en la pantalla y a partir de la década de los 80 también en la televisión en donde se le recuerda sobre todo en su trilogía de colaboraciones con la productora Carla Estrada en clásicos como “Quinceañera” (1987); “Amor en silencio” (1988), como la mejor amiga del personaje de la primera actriz Saby Kamalich y “Amor de nadie” (1990), donde compartió créditos con su hija en la vida real, Mimí, de Flans, entre otras más.
Las otras dos se dieron en el curso de la semana pasada y corresponden, primero, al actor y comediante Ricardo de Pascual, a los 85 años de edad, el martes 21 y quien además de haber hecho historia en memorables programas del siglo pasado como “Chespirito” o “El Tesoro del Saber”, todavía el año pasado salió actuando en el papel de un cura en la exitosa “Monteverde”, y Karina Duprez, el miércoles 22 a los 79, quien si bien participó también en telenovelas clásicas como “Cumbres borrascosas” (1979), a partir de 1989 brilló más como directora de telenovelas, de “Balada por un amor” (1989) a “Fuego ardiente” (2021), que fue la última. Descansen en paz.
Fue el jueves 23 cuando el streaming nos ayudó a mermar un poco la tristeza que nos provocaron estas pérdidas al estrenar HBO el primer episodio de la nueva miniserie del actor, guionista y productor británico Richard Gadd (“Bebé Reno”) bajo el título de “Hombre a medias” y quien compartiendo créditos con otro respetable joven histrión como Jamie Bell (“Billy Elliot”) nos sorprende con un personaje totalmente diferente a su éxito previo interpretando a Ruben, quien al inicio de esta historia se aparece en la boda de su hermano (Bell) para golpearlo y de ahí remontarnos después a 40 años en el tiempo de la naturaleza muy peculiar de su relación.
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