NosotrAs: La rabia y marchar

En marzo de 2017, el 8M cayó en miércoles. Sé que era miércoles porque, para asistir al mitin que se convocó, falté a la iglesia.

Me invitaron dos compañeres de Letras. Llegamos a la Plaza Nueva Tlaxcala y había hojas pegadas alrededor de la fuente. No recuerdo qué decían, pero deben haber sido consignas o demandas, porque mi compañere se acercó conmigo, después de leerlas, para comentar algo sobre el aborto y decir que desconocía mi postura. La duda venía de mi historial religioso. “Es decisión de cada quien”, le dije.

Al bajar los escalones de la Plaza, había una bocina y un micrófono. El espacio estaba abierto, podías compartir lo que quisieras, hacer denuncias, contar vivencias, hacer lecturas en voz alta. Una compañera se animó y leyó “Hombres necios” de Sor Juana; yo me atreví a leer “Todas íbamos a ser reinas” de Gabriela Mistral.

Una de las asistentes, una señora chaparrita, vestida de negro, con el cabello corto, tomó el micrófono para contar cuál fue su primer acto de rebeldía ante el sistema patriarcal (dejar de usar velo en la iglesia, un símbolo de reverencia a Dios). Solté un par de lágrimas; yo todavía usaba velo.

Mientras las compañeras hablaban, una chava que iba pasando se nos unió y pidió permiso para tomar el micrófono. Celebró que estuviéramos reunidas, que existiera ese espacio e hizo sus denuncias.

Éramos pocas, no debemos haber sido ni 30. Pero, para mí, que sólo había hablado de feminismo con mis compañeres de Facultad y en el internet, éramos una legión.

La colectividad abraza, respalda. Por primera vez en mi vida, estaba con un grupo de mujeres que les atravesaba lo mismo que a mí, con las mismas inquietudes, las mismas dolencias. Ya no era yo contra el sistema patriarcal, ahora éramos nosotras.

Volví en 2020 (en 2018 y 2019 no tuve oportunidad de asistir a las actividades del 8M); la mecha que se encendió en mí aquel miércoles ardía con fuerza. Sólo que ya no éramos 30.

Era domingo; otra vez falté a la iglesia para ir a una marcha feminista. Salimos de la Plaza Nueva Tlaxcala. Fuimos muchas (y todas). Llevaba mi primer cartel: Nuestras cadenas hay que romper / nuestros derechos hay que defender / y nuestras hijas y sus hijas / gritarán agradecidas: / bien hecho, hermana feminista (una licencia que me tomé con una canción de Mary Poppins).

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