
MINNESOTA- En las últimas semanas, la reverenda Rachael Keefe los ha visto una y otra vez.
En su enclave de mayoría mexicoestadounidense, en un suburbio del sureste de las Ciudades Gemelas, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) armados y en uniforme de faena han estado rondando en sus camionetas y tocando a las puertas de sus vecinos.
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Pero incluso cuando los agentes no andan ahí, cuando pasea a su perro por las tranquilas calles nevadas del invierno de Minnesota, la sensación de temor no se va.
“Siempre estoy pendiente de ellos”, dijo Keefe, quien es pastora de una pequeña iglesia de Mineápolis. “Es como estar hipervigilante, en alerta máxima, todo el tiempo”.
Semanas después de iniciado lo que el Departamento de Seguridad Nacional denomina Operación Metro Surge, no se ven agentes federales en todas partes todo el tiempo, pero el hecho de que puedan aparecer en cualquier lugar y en cualquier momento ha puesto en vilo a los habitantes de Minnesota.
En ese sentido, la operación del ICE está en todas partes, incluso cuando los agentes no.
Lo que sí es palpable a cada momento, incluso entre los residentes que tienen estatus legal en el país, es el miedo. Muchas escuelas públicas lucen casi desiertas, cerradas a los alumnos mientras los maestros se preparan para reabrir y ofrecer clases a distancia. Fuera de las guarderías, hay voluntarios con expresión vigilante y silbatos color naranja al cuello, listos para dar la alarma cuando haya agentes del ICE a la vista.
En los barrios con una población migrante considerable, las ventas en tiendas de comestibles y restaurantes se han desplomado. Algunos comercios pequeños ahora mantienen las puertas cerradas incluso cuando están abiertos, dejando entrar a los clientes de uno en uno. En los sótanos de las iglesias, voluntarios organizan alimentos enlatados para los vecinos que están demasiado asustados para salir de casa. Los residentes de edificios de departamentos han empezado a mantener las persianas cerradas todo el día y la noche, con la esperanza de no llamar la atención de los agentes del ICE.
En las puertas de las casas hay carteles que declaran que el ICE no es bienvenido.


