
Bach fue un hombre doméstico, escribió Margo Glantz en alguno de sus libros (creo que en su novela El rastro (Anagrama, 2002), aduciendo a la cantidad usual de hijos que era común tener en ese entonces. Bach tuvo 20 hijos que engendró en dos matrimonios. Tal desmesura -la de la veintena de descendientes- no fue impedimento para que este hombre entregado al precepto bíblico de “henchid la tierra y sojuzgadla” produjera una obra monumental.


