
Si el Saltillo de ahora fuera el Saltillo de antes, hoy amaneceríamos con uno de esos fríos capaces de helar al mismo hielo. Soplaría el cierzo, y la ciudad se cubriría de neblina.

Si el Saltillo de ahora fuera el Saltillo de antes, hoy amaneceríamos con uno de esos fríos capaces de helar al mismo hielo. Soplaría el cierzo, y la ciudad se cubriría de neblina.