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sábado, agosto 30, 2025
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Juan Antonio Villarreal celebra 40 años como actor con un monólogo que rinde tributo a Shakespeare en Saltillo

Un viejo barbado y harapiento se sube a una larga mesa y se dispone a interpretarse a sí mismo. Una versión de sí mismo, más bien. El unipersonal que el público está a punto de presenciar está escrito, dirigido, protagonizado, diseñado y armado por ese hombre, quien por 4 décadas ha disfrutado del teatro en más de una faceta y en celebración vuelve a escena desde todos los frentes.

Este fin de semana Juan Antonio Villarreal conmemora 40 años de trayectoria como actor con la reposición de su obra “Dicen que ya no me quieres”, mezcla de autoficción, comedia, romances fallidos, conflictos paternos y Shakespeare. Regresa al Centro Cultural La Besana, que ha sido su hogar desde hace más de una década, con un renovado montaje desde su temporada debut en agosto del 2024.

“Esta obra está escrita sobre, es autoficción y es bastante sabroso regodearse con ella. Es una comedia y poder decir un texto de Shakespeare no es nada sencillo […] Es un Hamlet imaginario que llega a los 67 años y tiene la oportunidad de volver a ser Hamlet con la ayuda de los jóvenes, eso también habla de esta relación que también tengo como director con jóvenes que me siguen y me apoyan para que el teatro siga vivo y en los escenarios”, compartió Villarreal para VANGUARDIA sobre la ocasión, que se enmarca en el programa “Escena de dos ciudades” que La Besana realiza con apoyo del programa a Apoyos a Proyectos y Coinversiones Culturales de la Secretaría de Cultura de México.

El unipersonal se presentará los días 30 y 31 de agosto a las 19:00 horas en el Centro Cultural La Besana. La entrada es gratuita.

En el momento preciso

“Toño” Villarreal inició en el teatro cuando ya tenía 27 años, una edad tardía en contraste con otros artistas escénicos que empezaron en su adolescencia o infancia, pero en su caso sucedió “cuando tenía que suceder”. Recién había terminado sus estudios de arquitectura en Ciudad de México y “tenía la necesidad de volver a Saltillo”.

“Regresé también con la intención de hacer el teatro que no pude en la universidad, porque allá fui para estudiar y no distraerme en otras cosas”, recordó, “cuando llegué la Facultad de Psicología, donde estaba laborando mi hermana, estaba Eduardo Arizpe abriendo un taller de teatro”.

“Empecé haciendo ‘el oso’… de Chéjov”, agregó entre risas.

Con el paso de los años colaboró con otros grupos y directores como Jesús Valdés y Adolfo Torres, hasta que llegó al “gran proyecto” del comodato del Teatro del IMSS, que, junto con Gustavo García y Amado Ramírez en la Asociación Coahuilense de Teatristas, le permitió apoyar desde este escenario al teatro saltillense desde 1997 hasta 2009, cuando terminó el proyecto de estímulos federales y el teatro volvió a ser administrado por el Seguro Social directamente.

“Pudimos seguir buscando dónde presentarnos, dónde hacer teatro. Estuvimos en la XEKS, en la Normal, en Radio Concierto, en el Teatro de Cámara del Teatro de la Ciudad, antes de que se llamara ‘Jesús Valdés’ y ya cuando se llamó así ahí seguimos; llegamos a La Besana, entonces nos hemos presentado en muchos lugares donde nos abren la puerta”, mencionó.

De los años antes del comodato recordó la obra “El arquitecto y el emperador de Asiria” con Adolfo Torres, pero también destacó los trabajos con el grupo La Estafa, así como entremeses cervantinos, pastorelas y más. De ese periodo de bonanza que acompañó el cambio de siglo destacó “Arlequín, servidor de dos patrones”, “Los albañiles” —con la que cerraron el comodato—, “Los niños de sal” y “Muera Villa”. Asimismo, con los montajes “El médico a palos” fueron a la Muestra Nacional de Teatro en Xalapa, alrededor del 2002, y en 2015 volvió a representar a Coahuila como parte del montaje de “Cayendo con Victoriano”.

Arquitecto de la escena

Su interés por colaborar en las áreas de la escenografía y el vestuario llegaron de la mano de la actuación. “En un principio era hacer escenografías con lo que encontraba, el vestuario también, a veces usaba cortinas de mi casa. Fuimos a Aguascalientes con La Estufa con “La dama boba” e hicimos el vestuario con las cortinas que ya no se usaban, así fui experimentando”, comentó.

El interés por dirigir tampoco tardó en llegar pero aunque en todo este tiempo la escritura lo acompañó, no se transformó en dramaturgia hasta que tomó un taller con Enrique Mijares en 2014 y ahí empezó a montar sus propios textos.

“Empecé a dirigir en la Alianza Francesa en el 88, formé un grupo de teatro y tenía cosas qué decir y gente que confiaba en mi loquera. More Barrett la dirigí en ‘El sueño del ángel’, había maestros de francés que les interesaba y se incorporaban”, compartió.

“Y el taller con Mijares fue aquí en La Besana. Mabel más que invitarme me dijo que tenía que ir, hago referencia en el monólogo a ella”, agregó, “escribí un primer monólogo en unos seis días, y creí que ya con eso podría rascarme el ombligo, pero Mijares me dijo que tenía que escribir más. Así escribí otro texto con muchos personajes, una cosa de fantasmas y aparecidos en General Cepeda”.

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Desde entonces ha presentado obras de su autoría como “Los cuadernos de Gregorio”, “Masterclass”, “A la sombra de la jirafa”, “Todos eran mis hijos” y “El evangelio del odio”.

“Dirían, es demasiada vanidad, actúa, dirige, hace el vestuario, la escenografía. Es para ahorrarme dinero”, dijo entre risas, “pero también lo disfruto, me gusta”.

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