Del descubridor de la Pasión y otras historias de canciones sin palabras

Tradujo a Homero a los ocho años, ya era un jinete consumado en su adolescencia, pintaba con soltura y pericia desde temprana edad, fue un niño prodigio al piano (solo que su padre, Abraham, un banquero prominente, no tuvo la visión ni la ambición de un Leopoldo Mozart para aprovechar las habilidades de su hijo); el abuelo paterno, Moses, fue un respetado filósofo precursor de la Haskalá; y para rematar esta ilustre estirpe, la madre del prodigio, Lea, fue una mujer culta (hablaba con fluidez el inglés, italiano y francés, además de leer a Homero en el idioma original), música notable y promotora de la cultura, creadora y animadora de un círculo de artistas e intelectuales que se daban cita en su casa periódicamente. En una de estas tertulias, Goethe pudo constatar el enorme prodigio del novel músico, atreviéndose a compararlo, sin tapujos, con Mozart.

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Ultimas noticias